jueves, 8 de julio de 2010

“La escritura es la manera que tengo de negociar con el mundo”

María Rosa Lojo

08-07-2010 / Brindará una charla abierta en el Islas Malvinas en el ciclo cuatro ficciones.

La escritora María Rosa Lojo participará hoy de un nuevo encuentro del ciclo Cuatro Ficciones, organizado por el grupo editor Mil Botellas. La cita será a partir de las 19.30 en el Centro Cultural Islas Malvinas (19 y 51). Y, antes de la charla, la autora de las novelas Árbol de familia, La princesa federal, Una mujer de fin de siglo, Finisterre, y el volumen de cuentos Historias ocultas en la Recoleta, entre otras obras, habló con Diagonales.

–¿En qué consiste el encuentro del que va a participar con el público platense?

–Es un diálogo abierto, no hay tema fijo sino que irán surgiendo por intereses, obra o trayectoria, según la opción de los presentes en general.

–¿Qué temas suelen surgir, cuáles son los más comunes?

–Preguntan de todo y, en general, sobre el último libro. Las preguntas que más se repiten son cómo empezó a escribir o por qué escribe, como si uno supiera en realidad por qué escribe.

–¿Y por qué cree usted que escribe?

–No se puede evitar, pero más que una opción es una fatalidad. Tiene que ver con la pasión y con la manera que tengo, desde muy chica, de negociar con el mundo, y eso no quiere decir que lo logre.

–En general, sus libros tienen a las mujeres como protagonistas. ¿A qué atribuye esta orientación de su escritura?

–Suelo escribir sobre las mujeres como protagonistas de la historia y la cultura. Y lo atribuyo a mi propia posición de género. Como mujer me siento sujeto político, como todas las mujeres, pero el hecho de que sea mujer y que escriba me ha empujado a registrar la mirada femenina sobre el género y el lugar que ocupamos.

–Usted le da un valor importante al tema del género…

–No todas las mujeres se lo plantean, yo me lo he planteado cada vez más. Como dice Pierre Bordieu, hay situaciones que se dan por supuestas. Y, quizás, la dominación masculina es una de las situaciones más naturalizadas, porque responde a una construcción social, donde el poder y el prestigio se reparten de manera asimétrica y los roles solían ocupar lugares asimétricos hasta no hace mucho y a mí me interesó el lento cambio de esa situación.

–En ese lugar asimétrico también los hombres suelen sentirse incómodos…

–Según el mandato de esta construcción social, el rol de los hombres es el de proveedores, de competencia feroz por el poder y limitados a desconectarse de las emociones que los muestran frágil. No es un gran regalo para ellos, y muchos se han sentido incómodos. Según estos mandatos, no es lo mismo un hombre ambicioso que una mujer ambiciosa, la connotación social que se les da es bien distinta. Tampoco se esperaba de las mujeres que sean tomadoras de decisiones políticamente. Y a mí me ha interesado como en el pasado ha habido acciones de ruptura de estos roles, como Manuela Rosas, la hija de Juan Manuel de Rosas, personaje de mi libro La princesa federal, que heredó ese espíritu de lucha de su madre, Encarnación Ezcurra.

–El escritor suele trabajar en solitario. ¿Cómo vive entonces este tipo de eventos, como el de hoy en La Plata, que la encuentran con el público?

–Es verdad, la tarea del escritor es muy solitaria. Escribir nos mantiene aislados por mucho tiempo, sobre todo si es una novela, siempre dando vueltas en un mismo libro y trabajando sin contacto con el exterior. La literatura es una forma de comunicación desviada, pero compartir el trabajo es ideal y el encuentro con el público nos ilumina y le da sentido a lo que hacemos.

–Su obra fue materia de estudio en tesis y trabajos de académicos. ¿Cómo se siente frente al análisis?

–Es muy gratificante que alguien se tome el trabajo de estudiar tu obra, una tarea que lleva mucho tiempo y dedicación. Es tener la certeza que, para algunas personas, lo que hemos hecho es importante como bien intelectual. La mayor parte de los escritores no vivimos de nuestros libros y no porque no queramos, entonces cada vez tiene más relieve el capital simbólico, la devolución en lectura.

–¿Eso la condiciona a la hora de seguir escribiendo, se siente presionada por mantener el nivel literario?

–Autoexigente siempre fui y sigo siendo, muy fiel a que lo que quiero hacer, para que sea genuino y responda a una necesidad. No cambió mi sentido de responsabilidad y no estoy subida a ningún pedestal. Ahora, escribo con un poco más de madurez, de sabiduría. Porque son muchos años y la práctica te da entrenamiento y conocimiento de las limitaciones y las cualidades que tenés.

Fuente: Diagonales